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La nueva llamada del milenio

Más de seis décadas después de su aparición, la obra más conocida del historiador británico Norman Cohn, En pos del milenio, sin duda uno de los títulos más trascendentales de la historia de las ideas, se reedita en castellano. Con motivo de esta feliz novedad bibliográfica nos proponemos acercarte a este formidable trabajo a través de esta humilde reflexión.

Hace ahora veinticinco años la prestigiosa revista literaria británica The Times Literacy Supplement publicó un listado con los cien libros más influyentes desde la Segunda Guerra Mundial. Entre los cincuenta primeros títulos incluyó En pos del milenio, honrosamente escoltado por un Barthes y un Camus. Publicada durante la estancia académica de Norman Cohn en el Magee College de Derry, no fue la primera edición, que, aunque bien acogida en el ámbito especializado, apenas dejó huella más allá de la academia, sino la segunda, neoyorquina, la que convirtió En pos del milenio en un éxito editorial de alcance mundial.

Milenaristas en escena

Thomas Müntzer. Wikimedia Commons.

La obra propone una exhaustiva disección de los numerosos movimientos que, estimulados por la idea de una supuesta segunda venida de Cristo, surgieron en la Europa cristiana entre los siglos xi y xvi como catalizadores del descontento social de sectores marginados, «descalzos, melenudos, vestidos con sacos, cubiertos de mugre y de llagas, comiendo raíces, hierbas y los cuerpos asados de sus enemigos», ejemplos todos de los orillados en el arcén de la historia. En los diversos trajes en los que se encarnó el milenarismo coinciden dos patrones, una recompensa terrenal para los justos, con la promesa de un mundo sin privaciones, y un castigo ─también terrenal─ para los malvados, que no tienen lugar en ese mundo. De este modo, para Cohn, la promesa milenarista abandona el terreno de lo extravagante, de lo delirante incluso, para asentarse de forma sólida en el campo de lo doctrinal, como un conjunto de creencias capaces de crear una visión sistematizada del mundo, quizá el aspecto más original de la obra.

De entre los innumerables movimientos que pululaban por esa Europa traslúcida entre la Edad Media y la Modernidad, el anabaptismo sigue gozando de una especial atención. Surgido ya estrenado el Quinientos en las actuales Alemania, Suiza y Países Bajos, donde los rescoldos de los Hermanos de la Vida Común aún calentaban el ambiente, esta versión heavy del protestantismo, al menos en su vía más radicalizada, propuso con la ingenuidad de la que pecan los audaces pasar de interpretar el reino de los cielos a transformar el mundo, como si de una tesis XI sobre Feuerbach avant la lettre se tratara. En apenas una docena de años los líderes anabaptistas soportaron sobre sus hombros la inmensa responsabilidad de sacar de la más absoluta de las miserias a todo un magma social que los siguió nada menos que al fin del mundo. Su éxito fue tan efímero como aplastante su derrota. La revuelta de los campesinos que acaudillara el bueno de Thomas Müntzer, el levantamiento popular más extenso nunca visto hasta la fecha, fue ahogada en sangre por la nobleza de la Alemania septentrional unida en la Liga suaba, financieramente sostenida por el clan empresarial de los Fugger. ¿Os suena todo esto? Destino similar tendría la Nueva Sion que Juan de Leyden imaginara para la ciudad renana de Münster, trocada en una teocracia más rechazable. Aún hoy es posible ver suspendidas de las torres de la iglesia de San Lamberto las jaulas en las que fueron exhibidos los cuerpos torturados y ejecutados de los prohombres anabaptistas. Si de esta última experiencia José Saramago se sacara de la manga In Nomine Dei (Ronsel, 1994), un texto dramático oscuro como la noche de los tiempos contra los fanatismos religiosos de cualquier pelaje, de la guerra de Müntzer y sus bandas campesinas el novelista francés Eric Vuillard publicó recientemente una novela histórica sui generis, irónica y vibrante, trágica por los cuatro costados, titulada La guerra de los pobres (Tusquets, 2020).

Jaulas de los líderes anabaptistas en la torre de la iglesia de San Lamberto de Münster. ©Mbdortmund/ Wikimedia Commons.

Conmovedora a la par que profundamente perturbadora resulta otra de las aventuras milenaristas recogidas por Cohn en su obra: la conocida como Cruzada de los Pobres. Este espontáneo movimiento sin líder conocido nació y se disolvió en 1309 al calor de la nostalgia por la pérdida de los Estados Cruzados que, entre los siglos xi y xiii, se establecieron en Próximo Oriente. Enardecidas por la predicación de una nueva cruzada, en este caso contra los mamelucos, masas humildes procedentes de toda la cristiandad occidental marcharon hacia la corte papal de Aviñón para, en apoyo de un ejército de Caballeros Hospitalarios, embarcar posteriormente en Marsella con destino a Tierra Santa. Esa era la teoría, pero la práctica quedó muy lejos. Ni los pobres obtuvieron el favor papal que pretendían, ni los Hospitalarios decidieron contar con ellos. En su lugar, estos peregrinos desnortados, que ya habían cometido robos y saqueos allá por donde pasaban con objeto de financiar su viaje, regresaron como pudieron a sus casas. Capítulo aparte merecen las matanzas de judíos que estos paupérrimos cruzados llevaron a cabo en ciudades como Lovaina, reediciones de episodios tristemente acontecidos, como las persecuciones y linchamientos protagonizados por los cruzados de Pedro el Ermitaño en el siglo xi, aspectos todos ellos en los que Cohn se detiene con calma.

El autor en su obra

Como el propio autor reconoció, el proyecto que culminaría en la producción de esta obra nació en su mente a partir de su experiencia vital durante la Segunda Guerra Mundial y la posguerra, en el transcurso de la cual llegó a interrogar a prisioneros nazis como miembro de los servicios de inteligencia británicos, así como de su memoria personal del Holocausto ─no olvidemos su ascendencia judía─ y de las purgas estalinistas, a algunas de cuyas víctimas llegó a conocer personalmente. En la explosión de movimientos milenaristas en la Europa cristiana medieval, Cohn vio una fuente de aprendizaje del caldo de cultivo donde se coció la amarga sopa totalitaria de la que fue contemporáneo. Así, los líderes milenaristas serían un trasunto de los cirujanos de hierro que destriparon la primera mitad del siglo xx, con los que compartían artificios retóricos y destreza en el manejo de las masas desorientadas de ayer y de entonces, mientras que el Holocausto se lee como una mera secuela de las matanzas judías que, en muchos casos, estos movimientos instigaron en el epílogo del teatro de luces y sombras medieval.

Lo cierto es que, desde su aparición, En pos del milenio ha conseguido interpelar a varias generaciones evitando su envejecimiento, y es precisamente esto lo que la convierte en un clásico. Es en su capacidad para alcanzar al público siendo una obra de alta divulgación, e incluso podríamos considerar de carácter académico, sobre una temática compleja y alejada, en principio, de los intereses de la Europa de la posguerra mundial donde reside su grandeza. Su versatilidad permite que sea de obligada consulta para el estudioso de los movimientos heterodoxos medievales que se vieron seducidos por el canto de sirena milenarista, a la vez que sirva de divertimento para el lector curioso que desee sumergirse en su lectura como si de una novela histórica de ecos umbertinos se tratara.

Ejecución de la anabaptista frisona Anneken Hendriks. Grabado de Jan Luyken (1571). Wikimedia Commons.

Los seguidores del milenio

El éxito de Cohn tendría a partir de los años setenta una exitosa contestación con la aparición de títulos bajo el marchamo del milenarismo. A la llamada del milenio acudirían entonces jóvenes autores como Yves Delhoysie y Georges Lapierre, quienes en El incendio milenarista (Pepitas de Calabaza, 2008; original de 1987) se centraron en el mesianismo brasileño; George Huntston Williams con La Reforma radical (Fondo de Cultura Económica, 1983, original de 1962), dedicada a fenómenos como el anabaptismo que rebasan con creces el tiempo medieval pero no su espíritu, o un consagrado George Duby que en El año mil  (Gedisa, 2018, original de 1967) da rienda suelta a su maestría en el campo de la historia de las mentalidades.

Ahora, cuando se cumplen más de seis décadas desde su publicación, la editorial Pepitas de Calabaza nos brinda una nueva oportunidad de acercarnos a este texto de Normal Cohn en una actualidad pandémica que se antoja apocalíptica y con unos nuevos ojos, los que ahora asisten atónitos al surgimiento de fantasmas casualmente parecidos a aquellos que el autor viera con los suyos.

Título: En pos del milenio. Revolucionarios milenaristas y anarquistas místicos de la Edad Media.

Autor: Norman Cohn.

Traductor: Julio Monteverde.

Publicación: 2020 [original en inglés de 1957].

Editorial: Pepitas de Calabaza.

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Sara Madrigal Castro

Licenciada en Historia y profesora de Geografía e Historia en el IES Diamantino García Acosta de Sevilla. Investiga sobre movimientos heterodoxos y minorías religiosas de la Edad Moderna

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